WhatsApp ¿El Hermes de los usuarios?

Hermes era uno de esos fascinantes personajes de la mitología griega, quien con tantos poderes y un gran carisma se convirtió en uno de los dioses preferidos de los hombres. Hijo de Zeus -tenía “vara alta”-, era bien parecido, afortunado en el amor, sumamente inteligente y sagaz, y siempre con buena disposición, todo un estuche de monerías. Era tan popular que se convirtió en el mensajero de los dioses, un veloz heraldo que con sus aladas sandalias llevaba los mensajes a cualquier rincón que se le indicara.

Pareciera que WhatsApp es una especie de Hermes de los dioses. La aplicación de mensajería más popular y usada del orbe con sus más de dos mil millones de usuarios traslada una vorágine de mensajes cada día. Este verde emisario brinda muchas bondades: puede llevar tus mensajes a cualquier parte, es muy amigable y fácil de usar, permite enriquecer y adornar tus conversaciones, puedes hacer llamadas de voz o hasta llevar a cabo pequeñas reuniones a la distancia, tienes la posibilidad de enviar ubicaciones, incluso en movimiento, y hasta enviar y recibir grandes “paquetes” de archivos que no son un pretexto para que este Hermes los entregue. Lo mejor de todo: es gratis.

Modern Hermes – Wikimedia Commons (CC)

A nuestro Hermes lo usamos para casi cualquier cosa, desde esa conversación crucial de negocio, la discusión sentimental con la pareja, el trabajo o los estudios hasta las charlas triviales y sin importancia con la familia y amigos, por supuesto, sin dejar de lado ese representativo tráfico relacionado con “memes” que segundo a segundo es entregado por el vertiginoso mensajero. ¿Cuántas veces repetimos la frase “mándame un whats”? De facto, se ha convertido en el mensajero digital para comunicarse por casi todas las generaciones, las estadísticas lo demuestran y su uso es parte de la cotidianidad que ha llegado a provocar efectos psicosociales. Nos hemos generado el hábito de la gratificación espontánea, además de una necesidad de acceder y compartir información de manera inmediata, y WhatsApp sin duda es el instrumento propicio para ello.

Es importante mencionar, que a pesar de que nuestro Hermes digital podría acceder a la información que le encomendamos, es común que nuestros mensajes pequen de desinhibidos al grado de desoír al pudor. Conversaciones sensibles, información confidencial, datos personales o incluso imágenes íntimas; nuestra vida entera puesta en manos del dios mensajero sin temor a ser expuesta.

Si bien las aplicaciones de mensajería gratuita no son precisamente hermanas de la caridad y su modus-operandi pueden incluso llegar a considerarse un atentado a la privacidad, me parece que la discusión se ha centrado erróneamente en el emisario cuando deberíamos enfocarla en el emisor. Debemos recordar que WhatsApp es una empresa privada que te brinda un servicio sin costo, y que genera sus ingresos con base en la explotación de tus datos, es decir, ¡tú eres el producto! Desde mi punto de vista, WhatsApp y Facebook -a quien pertenece-, con sus nuevos términos y condiciones, solo afilan el hacha para generar más ingresos pero no es el primer corte que le dan a sus usuarios. Recordemos que Facebook viene de una serie de eventos desafortunados que develan la explotación indiscriminada que se hace de nuestros datos, y que alcanzaron su clímax con el caso de Cambridge Analytica. Con su nueva política, el principal cambio es que WhatsApp podrá compartir con Facebook los datos que actualmente explotan, como usuario ya no tendrás la opción de elegir si los compartes, si pretendes utilizar su servicio será obligatorio. Si deseas leer la Política de Privacidad de WhatsApp en detalle e identificar qué datos son los que se recaban y cómo los tratan, acude a esta URL: https://www.whatsapp.com/legal/updates/privacy-policy/?lang=es. Cabe mencionar que la política entrará en vigor a partir del 15 de mayo.

Política de privacidad WhatsApp

Con lo anterior, quisiera subrayar que no se trata de satanizar a las plataformas de mensajería, sin duda son de gran ayuda y somos libres de usarlas, y más allá de ello, insisto, la discusión debe centrarse en nuestros hábitos. Analicemos si la conversación que estamos sosteniendo se está llevando a cabo en el medio adecuado, ese es el primer paso. ¿Cuántas veces nos encontramos publicando con inmediatez cualquier cosa que se nos viene a la mente, sin filtros? ¿Cuántas veces enviamos documentos oficiales, contratos o fotografías íntimas por estos medios? Algunas aplicaciones, como WhatsApp, permiten dar a conocer nuestro número telefónico. Esto puede poner en riesgo nuestra seguridad y privacidad.

Por otro lado, debemos entender qué aceptamos al usar estas aplicaciones. Lee la política de privacidad del desarrollador para entender en detalle qué información se recopila, cómo la tratan y con quién la comparten, y seamos conscientes de que las políticas cambian frecuentemente, por lo que debemos estar al día y leer siempre esos términos y condiciones. Hoy fue WhatsApp, pero todas las plataformas de mensajería, en mayor o menor medida, recaban y gestionan nuestros datos de diferentes maneras.

Configura la privacidad y seguridad de tus aplicaciones, muchas de ellas permiten segregar los permisos sobre la información a la que acceden tus contactos, incluyendo el uso compartido de tu ubicación, además de que tienen disponible funciones de verificación de dos pasos para autenticarte lo que te provee mayor seguridad. No debemos dejar de lado el uso de antivirus y mantener la aplicación actualizada para evitar que se aprovechen de alguna vulnerabilidad, y tengamos cuidado con mensajes y enlaces sospechosos, no seas víctima de malware o phishing.

Para concluir quisiera rescatar otra de las tareas de Hermes: era responsable de llevar las almas al inframundo, una atención a Hades que reinaba ese sombrío lugar. Se decía que Hermes tenía el privilegio de entrar y salir del Hades, pero no las almas que entregaba. Pues bien, no dejes que tu Hermes digital se lleve tus mensajes al inframundo, y si lo hace, que esos mensajes no te signifiquen un inconveniente a tu privacidad.

Provehito in altum
Por: Juan Pablo Carsi

Delito de violencia digital. ¿Qué pasó en Jalisco?

La llamada Ley Olimpia, aunque no es propiamente una ley, se trata de un conjunto de reformas a la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y al Código Penal en donde se incluyen modificaciones y adiciones para sancionar las conductas de violencia que, se suscitan mediante redes sociales y plataformas digitales, incluyendo los delitos de violencia digital y acoso cibernético.

Sin embargo, a pesar de que se encontraba aprobado para su reforma en el Código Penal de Jalisco, publicado el pasado 3 de diciembre, el artículo 176 Bis 1 fue omitido; el cual contemplaba el delito de “violencia digital” y sancionaba la difusión de contenido sexual erótico sin consentimiento, señalando lo siguiente: “…comete el delito de violación a la intimidad sexual quien por cualquier medio difunda, exponga, divulgue, almacene, comparta, distribuya, compile, solicite, haga circular, oferte o publique o amenace con difundir imágenes, audios o videos de contenido real, manipulado y/o alterado de una persona parcial o totalmente desnuda, o cualquier contenido erótico o sexual, ya sea impreso, grabado o digital sin el consentimiento de la víctima o que haya sido obtenido bajo engaño o manipulación”. El castigo era de 4 a 8 años de prisión. Se habla de que ha sido un error el no incluir en el Código Penal de Jalisco este artículo, como se había aprobado; esperemos que dicho error sea subsanado lo antes posible y que, una vez que se publique el ordenamiento legal de conformidad con lo aprobado, resulta importantísimo que exista la sanción de estas conductas que, hoy en día, han proliferado.

A pesar de que existe un avance a nivel legislativo al haberse aprobado este tipo de reformas, como la citada Ley Olimpia, además se debe proponer que se adicionen a dichas sanciones, mecanismos de reparación e indemnización para las víctimas, tanto de carácter económico como psicológico, pues actualmente no se contemplan. Y si bien se puede acceder a dichas figuras mediante la vía civil a través de la figura de “daño moral” que, permite obtener una indemnización por el daño causado de la conducta del agresor, lo ideal es que quede contemplado en la legislación del orden penal a fin de evitar el doble juicio por distintas vías para que la víctima la obtenga y respetar así sus derechos humanos, como lo es el derecho a la privacidad y el acceso a la justicia.

En la Ciudad de México, desde el 22 de enero de 2020, esta indemnización quedó contemplada bajo el capítulo VII denominado “CONTRA LA INTIMIDAD SEXUAL” en el Artículo 181 Quintus, comete el delito contra la intimidad sexual:

I. Quien videograbe, audiograbe, fotografíe, filme o elabore, imágenes, audios o videos reales o simulados de contenido sexual íntimo, de una persona sin su consentimiento o mediante engaño.

II. Quien exponga, distribuya, difunda, exhiba, reproduzca, transmita, comercialice, oferte, intercambie y comparta imágenes, audios o videos de contenido sexual íntimo de una persona, a sabiendas de que no existe consentimiento, mediante materiales impresos, correo electrónico, mensajes telefónicos, redes sociales o cualquier medio tecnológico.

Y las penas van de 4 a 6 años de prisión y multa a mil unidades de medida y actualización (la Unidad de Medida y Actualización es la referencia económica en pesos para determinar la cuantía del pago de las obligaciones y supuestos previstos en las leyes federales, así como en las disposiciones jurídicas que emanen de todas las anteriores). Hoy el costo es de $86.88 diarios y se agrava cuando es cometido por un familiar, cuando exista una relación de sentimental o de confianza, docente, educativa, laboral, de subordinación o superioridad; cuando el delito se comete por parte de un servidor público; o bien, cuando se comete en contra de personas adultas mayores, con discapacidad, en situación de calle, afromexicanas o de identidad indígena.

Otras entidades federativas ya se encuentran aplicando sanciones por este delito de violencia digital:

ENTIDAD FEDERATIVAAÑO DE APROBACIONSANCIONES
PueblaDiciembre 2018De 3 a 6 años de prisión
YucatánAgosto 2018De 1 a 3 años de prisión y multa
Ciudad de MéxicoDiciembre 2019De 4 a 6 años de prisión
OaxacaJulio de 2019De 4 a 8 años de prisión y multas
Nuevo LeónOctubre 2019De 4 a 8 años de prisión
GuerreroSeptiembre 2019De 3 a 6 años de prisión
CoahuilaJunio 2019De 3 a 6 años de prisión y multas
ChiapasMarzo 20196 años de prisión
ZacatecasJunio 2019De 4 a 8 años de prisión
VeracruzMayo 2019De 4 a 8 años de prisión
GuanajuatoJunio 2019De 2 a 4 años de prisión
QuerétaroJunio 2019De 3 a 6 años de prisión
Baja California SurMayo 2019De 11 meses a 6 años de prisión
AguascalientesNoviembre 2019De 1 a 4 años de prisión
Estado de MéxicoAgosto 2019De 1 a 7 años de prisión

Cabe destacar que si bien este delito de “violencia digital” fue impulsado por una mujer, logrando reformar la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, al momento de reformar el Código Penal incluye también a los hombres, niños y adolescentes, dado que, el género masculino también es susceptible de ser víctima de este tipo de delito.

Juguetes ¿inteligentes?

Estamos comenzando un nuevo año, y a pesar de las adversidades, estas fechas son sumamente importantes para los niños, pues habrán recibido regalos de Santa y/o de los Reyes Magos, quienes como ya es sabido no dejaron de laborar pues son inmunes al bicho que nos ha acechado últimamente, sin embargo, muchos de los innovadores juguetes que nuestros hijos recibieron sí son susceptibles de contagiarse… ¡no te asustes! No nos referimos a ningún coronavirus, pero sí debemos prestar atención a los “Smart toys” que pueden infectarse con algún malware o peor aun, pueden ser “hackeados” y poner en riesgo la privacidad de nuestra familia.

Comencemos por explicar qué es un “Smart toy” o “Juguete inteligente”. Estos juguetes electrónicos habitualmente tienen diseños muy atractivos y permiten interactuar con los menores a través del reconocimiento de voz o por medio de alguna app. Entre otras funciones, permiten grabar y transmitir video o imágenes y algunos otros incluso prometen aprender y crecer con tu hijo. Son pues estos artilugios lúdicos casi mágicos, un derroche de innovación que los reyes del hogar disfrutan como tecnólogos expertos.

Todas estas características parecen de ensueño, y seguramente te preguntarás en dónde está el riesgo; pues bien, para que muchos de estos dispositivos brinden todas sus bondades requieren recopilar datos de la interacción con tu hijo, por ejemplo: su voz o imágenes de su cara, o incluso datos sensibles que en caso de caer en manos inadecuadas podrían suponer un riesgo para la integridad de los menores, por ejemplo: su nombre, edad o ubicación en tiempo real. Pregúntate si esa información se la proporcionarías a un extraño…

Por otra parte, habitualmente estos juguetes son conectados a Internet, y al igual que una computadora, si el juguete no cuenta con los controles de seguridad adecuados entonces queda expuestos a conexiones no autorizadas. Imagínate que de pronto un extraño puede conectarse al juguete de tu hijo y manipularlo para poder tomarle fotos, video o incluso interactuar con él, ¡ya ha sucedido!

Las principales vulnerabilidades -mas no las únicas- que se pueden encontrar en un juguete inteligente son: conexiones no seguras, el seguimiento del movimiento de los niños y la deficiente protección de datos.

Entonces ¿Qué debo hacer para evitar riesgos? Aquí algunas de nuestras recomendaciones:

  • Ten a la mano la documentación del fabricante del juguete, investiga en foros si existe alguna queja o problema de seguridad y corrige lo necesario, apóyate del soporte del fabricante si es necesario.
  • Mantente informado de las políticas de privacidad de manera que entiendas claramente qué tratamiento se le da a los datos recabados de tu familia.
  • No utilices datos reales, es mejor usar un alias.
  • ¡Apágalo! Cuando no esté siendo utilizado, evita que el juguete esté encendido y conectado a internet.
  • Asegúrate de configurar un PIN o contraseña robusta que proteja la conexión de los juguetes a Internet, y no los conectes en Wi-Fi públicos.
  • Verifica periódicamente que el juguete posea las últimas actualizaciones de seguridad.

Lo más importante, recuerda que eres el papá de un hijo digital en la era digital, debes entender en primera instancia qué juguete desea y si éste es seguro, y por supuesto, se vale no saber, pero lo que no te puedes permitir es no investigar y poner riesgos en las manos de tu familia. La comunicación es CRUCIAL, aprendan y diviértanse juntos, es una buena oportunidad de fortalecer los vínculos

Provehito in altum
Por: Juan Pablo Carsi